PUBLIC STATEMENT _ DECLARACION PUBLICA

Yen español :Asesinatos de defesores y defensoras de derechos humanos continúa



23 September 2010

AMR 23/030/2010


Killings of human rights defenders continue under new government



The new government of President Juan Manuel Santos, who assumed office in August, must urgently and effectively protect those human rights defenders campaigning for the return of stolen lands, Amnesty International said following the killing of Hernando Pérez in Necoclí Municipality in the north-western department of Antioquia on 19 September.

Hernando Pérez was a leader of the Association of Victims for the Restitution of Land and Property (Asociación de Víctimas para la Restitución de Tierras y Bienes, Asovirestibi). He had represented a number of communities which had been forcibly and often violently displaced by paramilitary groups, either acting alone or in collusion with the security forces.


Hours before his death, Hernando Pérez had participated in an official ceremony in Nueva Colonia, a rural settlement in the municipality of Turbo, in the department of Antioquia, which was attended by the Agriculture Minister, to return land to dozens of peasant farmer families who had been forcibly displaced by the “Bloque Bananero” paramilitary group.

Hernando Pérez’s killing is only the latest of a series of deadly attacks across the country against those who have dared to campaign for the return of the millions of hectares of land which have been stolen, mainly by paramilitary groups but also by guerrilla forces, in the course of the armed conflict.


Most recently, Alexander Quintero was killed on 23 May in Santander de Quilichao in the south-western region of Cauca, while Rogelio Martínez was gunned down by armed assailants on 18 May in San Onofre, in the north-western department of Sucre. These communities face on-going threats by paramilitary groups, which continue to operate in these two regions.

Colombia’s paramilitary groups, which have sown terror across Colombia for decades, were supposedly demobilized in a process initiated in 2003 by the previous administration of President Álvaro Uribe, but many such groups continue to operate in many parts of the country.

Between 3 and 5 million people, mostly Indigenous Peoples, as well as Afro-descendant and peasant farmer communities living in rural areas, have been forced to leave their homes and lands, often violently, during Colombia’s 45-year-old internal armed conflict.


The government of President Juan Manuel Santos has expressed its commitment to passing legislation to facilitate the return of stolen lands to their rightful owners. But such efforts will fail unless the authorities can meet their international human rights obligations by adopting concrete measures to guarantee the safety of those campaigning for land rights, as well as of families seeking to return to their lands, many of whom have also been threatened and killed.

The new government must also set out in detail its overall strategy for ending the long-standing human rights crisis. An important first step would be for President Santos to make a public and unequivocal statement in support of the legitimacy of the work of human rights defenders. The administration of President Uribe was marked by its hostility to human rights work, which contributed towards creating an environment which legitimized attacks against such activists.

The Colombian authorities must also ensure independent and thorough investigations are carried out to ensure that those responsible for these killings are brought to justice.

AMNISTÍA INTERNACIONAL

DECLARACIÓN PÚBLICA

23 de septiembre de 2010

AMR 23/030/2010

Colombia: Los asesinatos de defensores y defensoras de derechos

humanos continúan bajo el nuevo gobierno

El nuevo gobierno del presidente Juan Manuel Santos, quien asumió el cargo en agosto, debe

proteger de manera urgente y efectiva a los defensores y defensoras de derechos humanos que hacen

campaña por la devolución de tierras robadas, dijo hoy Amnistía Internacional, tras el asesinato de

Hernando Pérez en el municipio de Necoclí, en el departamento noroccidental de Antioquía,

ocurrido el 19 de septiembre.

Hernando Pérez conducía la Asociación de Víctimas para la Restitución de Tierras y Bienes

(Asovirestibi). Había representado a varias comunidades que habían sido desplazadas a la fuerza y a

menudo de manera violenta por grupos paramilitares que actuaban solos o en connivencia con las

fuerzas de seguridad.

Horas antes de su muerte, Hernando Pérez había participado en una ceremonia oficial en Nueva

Colonia, un asentamiento rural en el municipio de Turbo, departamento de Antioquía, a la cual

acudió el ministro de Agricultura, para devolver la tierra a decenas de familias campesinas que

habían sido desplazas a la fuerza por el grupo paramilitar Bloque Bananero.

El asesinato de Hernando Pérez es el último en una serie de ataques mortales en todo el país contra

quienes se han atrevido a luchar por la devolución de millones de hectáreas de tierras robadas,

principalmente por grupos paramilitares, aunque también por fuerzas guerrilleras, durante el

conflicto armado.

Recientemente, Alexander Quintero fue asesinado el 23 de mayo en Santander de Quilichao, en la

región suroccidental de Cauca, y Rogelio Martínez fue abatido a tiros por atacantes armados el 18 de

mayo en San Onofre, en el departamento noroccidental de Sucre. Estas comunidades se enfrentan a

reiteradas amenazas por parte de los grupos paramilitares, que continúan operando en estas dos

regiones.

Se supone que los grupos paramilitares colombianos, que han sembrado el terror en todo el país

durante décadas, se habían desmovilizado en un proceso que comenzó en 2003, bajo la

administración del entonces presidente Álvaro Uribe, pero muchos de estos grupos continúan

operando en diversas regiones del país.

Entre 3 y 5 millones de personas, principalmente indígenas, así como comunidades de ascendencia

africana y campesinas que viven en zonas rurales, han sido forzadas a dejar sus hogares y tierras,

generalmente de manera violenta, durante los 45 años de conflicto armado interno en Colombia.

El gobierno del presidente Juan Manuel Santos ha expresado su compromiso de aprobar una

legislación que facilite la devolución de las tierras robadas a sus dueños legítimos. Sin embargo,

estos esfuerzos no fructificarán a menos que las autoridades puedan cumplir con sus obligaciones

internacionales de derechos humanos adoptando medidas concretas para garantizar la seguridad de

quienes hacen campaña por los derechos a la tierra, así como de las familias que desean regresar a

sus tierras, muchas de las cuales también han sido amenazadas y asesinadas.

El nuevo gobierno también debe establecer detalladamente su estrategia general para terminar con

la prolongada crisis de derechos humanos. Un primer paso importante sería que el presidente Santos

haga una declaración pública y clara de apoyo a la legitimidad del trabajo de los defensores y

defensoras de derechos humanos. La administración del presidente Uribe destacó por su hostilidad

al trabajo en la esfera de los derechos humanos, lo que contribuyó a crear un ambiente de

legitimación de los ataques contra esos activistas.

Las autoridades colombianas también deben asegurarse de que se realicen investigaciones

independientes y minuciosas para garantizar que los responsables de esos ataques sean llevados

ante la justicia.


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Working to protect human rights worldwide